Imagina que llegas a la recepción de un hotel y delante está una persona en el mostrador para registrarse  y suelta estas preguntas:

Ciberseguridad,

Un “cibercriminal” no entrará a pecho descubierto con este anuncio por delante, sería una diana en el pecho. Ya sabemos que la policía no es tonta. Sin embargo, podría ser el huésped de la habitación contigua y no irá vestido de malo.

En pos de la hiper-conectividad, se sacrifica la seguridad de los datos personales y hasta corporativos, se pierde muchas veces la perspectiva y comienza el gran maratón de conectarse a toda costa.

Debemos tomar las precauciones y formar a nuestros adolescentes y a veces niños, que ya manejan las redes sociales, de la responsabilidad que conlleva el uso de las mismas.

Como sugerencia, limpiar el teléfono de todos los datos sensibles, (cuentas de banco, claves, bandejas de correos electrónicos), desactivar el bluetooth y no conectarse libremente a cualquier wi-fi, si puedes entrar, dejas que entren en tu sistema también….como medidas simples y para todo usuario.

Usar las redes sociales, si. ¡con cabeza! y seriedad, aunque sin perder el sentido del humor.

Ciberseguridad

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En todas las organizaciones una de las amenazas latentes es la de la fuga de información, claro hablamos de la información sensible, la  que puede desestabilizar la continuidad de negocio de una empresa.

Si no está claramente definido en el Plan de Comunicación de la empresa quien es el portavoz de la misma y cuáles son los términos bajo los cuales se comunica con el exterior, en cualquier momento puede sorprendernos contradicciones y perder credibilidad en la organización.

Además de ser potenciales víctimas de pishing, malware, troyanos y virus, también está la amenaza de una mala gestión de la comunicación por parte de los empleados de la organización o incluso familiares de éstos, ahí reside la importancia de gestionar la información sensible de la empresa, solo con las personas competentes a cada área, responsables a su vez de la custodia de la misma.

Vídeo de Fuga de Información

La política de mesas limpias en las organizaciones, tiene su sentido y es una de las mejores prácticas que se pueden implementar en todas las empresas, demostrando el respeto sobre la información que se maneja.

Tener reuniones puntuales con los responsables de prensa o simplemente valorar que tipo de comunicación maneja y si sigue alineada a los objetivos de la empresa, en ambos casos escuchar realmente el feed-back que se obtiene del “público objetivo” y redirigir acciones si se está perdiendo el camino.

Es muy fácil extraviarse, para ser más amigable con los clientes y caer en familiaridades, lo que en algunos casos puede permitir la frivolización de una marca.

En pocas palabras, conversa con tus clientes, no te dediques a “spammear” con tus productos o servicios y sé coherente interna y externamente con la comunicación empresarial.

 

Cuando retomamos contacto con una persona después de mucho tiempo, nos encontraremos con muchas preguntas a responder. Y si nos damos cuenta, nos preguntan siempre por lo último que han sabido de nosotros y acto seguido la batería de preguntas que van dirigidas como misiles teledirigidos a lo que quiere contar la persona que tenemos delante.

Sólo es hacer el ejercicio de escuchar atentamente y enlazar una pregunta con otra, si hacemos el resumen de la reunión.

Un caso que suelo poner como ejemplo son las benditas vacaciones, Y ¿a dónde vas de puente? pss..a ninguna parte, me quedo descansando en casita que no quiero jaleos y la semana que viene tengo que viajar a Londres. Pues, si.. voilá no seamos descorteses y respondamos con lo mismo ¿Y tú, a dónde vas? …

Las preguntas usualmente nos introducen en los temas que llevan las otras personas en su cabeza, posiblemente para contrastar opiniones, pero la mayoría de las veces se trata de esperar el turno para hablar.

¡Señores, pido la palabra! Yo, yo y yoo….

Interesarnos genuinamente en los demás, nos retribuye con creces y no usamos a los demás como cubo de nuestras preocupaciones, conflictos y complejos.

¡Lo dejo que parezco un cura dando el sermón! Amén…

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