Cuando retomamos contacto con una persona después de mucho tiempo, nos encontraremos con muchas preguntas a responder. Y si nos damos cuenta, nos preguntan siempre por lo último que han sabido de nosotros y acto seguido la batería de preguntas que van dirigidas como misiles teledirigidos a lo que quiere contar la persona que tenemos delante.

Sólo es hacer el ejercicio de escuchar atentamente y enlazar una pregunta con otra, si hacemos el resumen de la reunión.

Un caso que suelo poner como ejemplo son las benditas vacaciones, Y ¿a dónde vas de puente? pss..a ninguna parte, me quedo descansando en casita que no quiero jaleos y la semana que viene tengo que viajar a Londres. Pues, si.. voilá no seamos descorteses y respondamos con lo mismo ¿Y tú, a dónde vas? …

Las preguntas usualmente nos introducen en los temas que llevan las otras personas en su cabeza, posiblemente para contrastar opiniones, pero la mayoría de las veces se trata de esperar el turno para hablar.

¡Señores, pido la palabra! Yo, yo y yoo….

Interesarnos genuinamente en los demás, nos retribuye con creces y no usamos a los demás como cubo de nuestras preocupaciones, conflictos y complejos.

¡Lo dejo que parezco un cura dando el sermón! Amén…

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